miércoles, 25 de junio de 2014

Poder y violencia en "La paz perpetua" I

Juan Mayorga, autor de esta obra teatral, escribió La paz perpetua por encargo de Gerardo Vera, tal y como podemos leer en el prólogo de Manuel Barrera Benítez a la edición del texto publicada en KRK*.


Vera quería que escribiera sobre el terrorismo, estando inmersos en una realidad social en la que los actos terroristas eran tema diario y con el atentado del 11-M muy reciente en la vida de los españoles, entre otros muchos sucesos, tanto nacionales como internacionales, relacionados, no sólo con el terrorismo, sino también con la tortura tanto física como psicológica.

Así pues, desde antes de que esta obra fuese escrita, estaba ya inmersa en un contexto de suma violencia social.

Violencia hay ya antes de comenzar a leer la obra debido al hecho de que los protagonistas son perros, perros humanizados, seres humanos representados como animales y con los que el espectador o lector puede sentirse fácilmente identificado. Esta animalización del ser humano tiene como función, entre otras, hacer visible la degradación del hombre y de a qué nivel de degradación ha llegado nuestra sociedad.

Otro ejemplo de la representación y el significado que se le da al ser humano en la obra, más allá de la personificación del perro,  es el comentario de CASIUS cuando se presenta a los tres protagonistas.

CASIUS: ¿Han hecho un buen viaje, caballeros? ¿Están cómodos? Si necesitan algo, solo tienen que pedírselo a él. (Señala al HUMANO). Él está aquí para servirles.

Nos reconocemos en el perro, con las connotaciones negativas que esto conlleva y, tristemente, también reconocemos como propias las "contradicciones filosóficas, políticas y teatrales" (p. 20).

Yéndonos al argumento, el de esta obra no tiene como objetivo dar lecciones morales o decirle al espectador cómo o qué debe pensar, sino llevar a la reflexión poniendo "al terrorismo como la mayor amenaza para preservar los valores del sistema democrático. (p.17)

Así, concluimos que la violencia es la semilla de la que crece esta obra. No solo está presente dentro del argumento como elemento usado por el autor para crear el conflicto, sino que es la esencia misma de la historia, estando presente en torno a la obra antes mismo de su existencia.



Vayamos ahora a analizar esta violencia más cerca del texto literario y cómo se explicita lo que se ha comentado anteriormente.

Desde el mismo comienzo de la obra vemos ya una situación un poco violenta para los personajes, que se despiertan en un sitio desconocido, sin saber como han llegado allí ni quienes son los otros dos. Las actitudes de ODÍN y de JOHN-JOHN no son nada amigables, están en un ambiente de competición y ellos son muy competitivos, además desconfían mucho el uno del otro. Como ejemplo, valga este fragmento:

ODÍN: No recuerdo haberte visto en el estadio, Enmanuel.
ENMANUEL: Eramos más de cien.
ODÍN: A la bella durmiente sí la recuerdo. Estaba en el grupo C. ¿Y tú?
ENMANUEL: En el F.
ODÍN: ¿En el F? ¿Estás seguro? No recuerdo ningún pastor alemán en el F.
ENMANUEL: No te fijarías bien.
ODÍN: ¿Qué tiempo hiciste en la carrera de obstáculos?
Música. ENMANUEL y ODÍN esperan que pase algo. No pasa nada.
ODÍN: Yo lo hice en siete y medio. ¿Qué tiempo marcaste tú?
 [...]
JOHN-JOHN: Cinco segundos cuarenta y ocho milésimas. Con viento en contra.
En sus auriculares escucha algo que no oímos. Marca su territorio.
JOHN-JOHN: ¿En serio necesitaste siete y medio? ¿Te hicieron correr con una pata atada al lomo?
La música cesa. Los tres esperan que pase algo. No pasa nada.
JOHN-JOHN: Mira donde pones la cola. ¿No ves las marcas?
ODÍN: ¿Te refieres a eso? ¿Cómo te atreves a poner marcas en mi zona?
Se tumba en la zona marcada por JOHN-JOHN.
JOHN-JOHN: Voy a contar hasta tres. Luego voy a limpiar mi zona. Voy a sacar de mi zona toda la basura que encuentre.
ODÍN tararea la música.
JOHN-JOHN: Uno. Dos. Tres.
Exhibe colmillos. ODÍN le enseña los suyos, esperándolo. [...]

La violencia también se manifiesta de forma muy explícita en el lenguaje usado, sobre todo en ciertos pasajes de la obra.

ODÍN:  [...] Que podría forrarse en esos concursos de belleza para maricones. Bueno, no se lo decimos así, pero hacemos que el engendro se retire y nos jugamos el collar blanco entre tú y yo, entre perros de verdad. ¿Qué me dices?
[...]
ODÍN: "Que gane el mejor. Si John-John es el mejor debe ganar él. Y si hay que chupársela a alguien, aquí está mi boquita." [...] Seños Casius, o quien cojones nos esté mirando: yo sé que usted aprecia la sinceridad. [...]

Además hay otra clase de violencia dada por el carácter de los protagonistas y un ejercicio del poder abusivo para el más débil de los tres, Enmanuel.

John-John es muy arrogante, se cree mejor al resto por ser de una casta superior y haber sido entrenado una academia muy cara, pero en cuanto Enmanuel hace muestra de un mínimo de inteligencia, John-John se pone a la defensiva, lo llama listillo y hace amago de atacarle.

Por otro lado, Odín hace también alarde de su chulería, pero una chulería de calle; su orgullo no tiene nada que ver con la casta ni con la educación, pero se sabe físicamente más fuerte que Enmanuele e intenta presionarle para eliminar a John-John de la competición, pensando en que luego ganaría él. Pero cuando Enmanuel rechaza su propuesta y decide que prefiere competir limpiamente, Odín reacciona metiéndose con él y desacreditándolo.

La obra da para mucho más; este post solo ha sido una pequeña aproximación al tema, centrándonos en términos generales y en el principio de la obra para ver en qué medida está presente la violencia desde las primeras palabras.

Continuaremos analizando el tema con un poco más de profundidad en el siguiente post.
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*MAYORGA, Juan: La paz perpetua. Pról. Manuel Barrera Benítez, KRK Ediciones, Oviedo, 2009

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